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Del Potro y su lucha en los infiernos: “Me infiltraron, me quemaron nervios y gasté fortuna por el mundo”
La historia de Juan Martín Del Potro, el tenista argentino que alcanzó la cúspide del tenis mundial y luego sufrió una serie interminable de lesiones, es una de las narrativas más conmovedoras del deporte moderno. Tras su inesperada y lucha memorable victoria en el US Open de 2009, Del Potro se consagró como una de las figuras más prometedoras del tenis mundial. Sin embargo, su brillante carrera se vio rápidamente marcada por el dolor y las lesiones, convirtiéndose en un infierno físico que lo perseguiría durante toda su carrera. “Me infiltraron, me quemaron nervios y gasté fortuna por el mundo”, dijo en varias entrevistas, una frase que ilustra el sufrimiento constante que vivió fuera de las canchas mientras trataba de sanar su cuerpo.
Un Ascenso Rápido y Prometedor
Juan Martín Del Potro nació en Tandil, Argentina, en 1988, y desde muy joven mostró un gran talento para el tenis. Su impresionante estatura (1.98 metros) y su estilo de juego agresivo lo convirtieron en un contendiente natural para las grandes ligas. Con un saque potente y un golpe de derecha que ha sido considerado uno de los más fuertes de la historia del tenis, Del Potro rápidamente ganó notoriedad. En 2009, a sus 20 años, alcanzó la cima del tenis al ganar el US Open. En esa histórica final, derrotó a Roger Federer, quien dominaba el tenis mundial en ese entonces, en un partido que es recordado como uno de los más emocionantes de todos los tiempos.

La victoria de Del Potro no solo consolidó su lugar entre los grandes, sino que prometía una carrera llena de más éxitos. Sin embargo, en lugar de seguir escalando, el joven tenista argentino pronto se vio atrapado en una espiral de lesiones que lo obligaría a enfrentarse a sus demonios internos y externos.
La Lesión en la Muñeca: El Comienzo del Infierno
En 2010, solo un año después de su victoria en el US Open, Del Potro sufrió una grave lesión en la muñeca derecha, su mano dominante. Esta lesión, aparentemente pequeña al principio, resultó ser mucho más grave de lo que inicialmente se pensó. Del Potro pasó por varios tratamientos, pero el dolor no desaparecía. La muñeca era la base de su juego, y las limitaciones físicas comenzaron a afectar seriamente su rendimiento.
“Me infiltraron, me quemaron nervios y gasté fortuna por el mundo”, confesó en diversas entrevistas. Esta frase resume el largo proceso de rehabilitación y los múltiples intentos por recuperar la normalidad en su carrera. Para intentar aliviar el dolor, Del Potro probó todo tipo de tratamientos médicos: desde infiltraciones hasta operaciones complejas para intentar sanar su muñeca. Fue un viaje largo, lleno de frustraciones, donde el dolor constante se convirtió en su compañero de vida.
Cirugías, Tratamientos y Más Cirugías
El proceso de recuperación fue una pesadilla sin fin. En 2010 y 2011, Del Potro se sometió a una serie de operaciones en su muñeca para intentar salvar su carrera. Los tratamientos no eran exitosos, y el dolor continuaba, lo que lo llevó a tomar decisiones drásticas. A pesar de sus esfuerzos por volver a la cancha, las lesiones continuaban. Cada operación, cada infiltración, cada tratamiento parecía ser solo un parche temporal para un problema mucho más grande.
Las palabras de Del Potro, “me quemaron nervios”, reflejan la intensidad de los procedimientos médicos a los que se sometió. La cirugía de descompresión nerviosa y las infiltraciones de corticoides, a menudo usadas para aliviar el dolor, solo ofrecían alivio temporal. El costo emocional y físico de estas intervenciones fue alto, y a medida que avanzaba la rehabilitación, el tenista argentino empezaba a cuestionar si su cuerpo podría seguir soportando la carga del tenis profesional.
Un Regreso Triunfal, Pero Las Lesiones Persisten
Después de una recuperación prolongada, Del Potro regresó al circuito profesional en 2011. Aunque su muñeca estaba mejor, el dolor nunca desapareció por completo. A lo largo de los años siguientes, continuó luchando con las secuelas de su lesión, pero su habilidad para competir seguía intacta. En 2013, alcanzó las semifinales del US Open y volvió a mostrar destellos de su talento. Sin embargo, el dolor persistente le recordó que el precio por volver a la élite era alto.
En 2016, después de haber estado fuera de las canchas durante más de un año, Del Potro regresó de manera espectacular, ganando la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Esta medalla, que para muchos fue el símbolo de su resiliencia, llegó luego de una lucha constante contra su cuerpo. La alegría de su regreso se vio empañada por las constantes preocupaciones físicas que aún lo acechaban.
El Dolor Nunca Se Va: Nuevas Lesiones y la Larga Espera
En 2018, Del Potro sufrió otra grave lesión, esta vez en su rodilla derecha, que lo obligó a retirarse del circuito por varios meses. Durante la rehabilitación, la sensación de desesperanza comenzó a ser palpable en sus declaraciones. La rodilla, como la muñeca, se convirtió en una amenaza constante para su carrera. Las expectativas de un regreso definitivo parecían desvanecerse con cada nueva intervención quirúrgica y cada periodo de descanso forzado.
“Es difícil hablar de mi futuro porque, por más que lo desee con todo mi corazón, siento que mi cuerpo ya no puede más. He pasado por demasiadas cirugías, infiltraciones y tratamientos que, aunque en un principio parecían funcionar, ahora ya no tienen el mismo efecto. He gastado una fortuna por el mundo, buscando respuestas que a veces ni los médicos saben darme”, dijo Del Potro en una de sus entrevistas más conmovedoras.
El Lado Emocional: La Larga Batalla Contra El Dolor
Más allá del sufrimiento físico, la parte emocional de su batalla ha sido igualmente desgarradora. Los períodos de rehabilitación prolongados, las preguntas constantes sobre su futuro y la frustración de ver a sus compañeros de generación seguir adelante mientras él luchaba por sanar fueron factores que afectaron profundamente a Del Potro. El dolor no solo estaba en su muñeca, rodilla o espalda, sino también en su mente. La presión psicológica de una carrera interrumpida por las lesiones fue devastadora.
A pesar de las recaídas y el dolor crónico, Del Potro nunca renunció completamente. Su amor por el tenis, el deseo de competir y el respaldo de sus seguidores lo mantenían en la lucha. El “calvario” de Del Potro era también un viaje de autodescubrimiento y fortaleza interior, un recordatorio de que el verdadero desafío no es solo físico, sino también mental y emocional.
El Futuro de Del Potro
Hoy en día, el futuro de Juan Martín Del Potro es incierto. Aunque ha dejado entrever que no se rendirá fácilmente, las perspectivas de un regreso a su nivel anterior parecen cada vez más lejanas. Las lesiones repetidas y las complicaciones físicas han hecho que muchos se pregunten si su carrera ha llegado a su fin. Sin embargo, Del Potro sigue siendo una figura respetada y admirada tanto dentro como fuera de la cancha.
Su legado, independientemente de lo que suceda en el futuro, está asegurado. Más allá de su título en el US Open o su medalla olímpica, lo que define a Juan Martín Del Potro es su increíble capacidad para luchar contra las adversidades. Ha demostrado que, aunque el dolor puede ser implacable, la perseverancia es la verdadera medida de un campeón.
Conclusión
La historia de Juan Martín Del Potro es una de dolor, sufrimiento, resiliencia y amor por el tenis. “Me infiltraron, me quemaron nervios y gasté fortuna por el mundo” es solo una frase que sintetiza una larga serie de sacrificios y esfuerzos por mantener viva una carrera que, a pesar de las lesiones, ha sido una de las más emotivas del deporte. Aunque el final de su carrera es incierto, Del Potro ha demostrado que el verdadero coraje no radica solo en las victorias, sino en la capacidad de levantarse una y otra vez después de cada caída, sin rendirse nunca.